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La frase...

"Te lamentas continuamente de cosas que dejaste de hacer o que hiciste mal en el pasado, como si eso sirviera ahora de algo. ¿Por qué no te perdonas y aceptas que hiciste lo mejor que sabías en cada momento y lugar?, tienes derecho a evolucionar."

jueves, 11 de julio de 2013

Descubriéndome a mi misma.

Los únicos límites que existen en la vida, son los que nuestra propia mente construye, y yo he decidido no permitir que mi mente me encadene .
Probablemente esta les parezca una entrada muy larga, probablemente muchos no la lean, o la leerán por partes, saltando párrafos, y buscando sacar conclusiones apresuradas... no me importa. No tienen que leerlo, no siempre escribo para los demás, a veces es bueno escribir para uno mismo, sólo como un desahogo, una retrospectiva, una búsqueda de uno mismo, y eso es lo que he hecho en esta ocasión.
Desde pequeña he sido diferente, especial, excéntrica... y sin tanta voltereta, siempre he sido una rarita. De niña nunca fui muy popular, en el colegio nunca me hice de un verdadero grupito de amigas, recuerdo que me la pasaba los recreos sola, comiendo tímidamente en algún rincón, donde procuraba que nadie me viera y sintiera pena por mi... siempre he odiado la lástima de los demás, me parece una de las actitudes más hipócritas y falsas que puede llegar a tener el ser humano.

En mi casa la historia no era muy diferente, rara vez salía a jugar con los niños de mi cuadra, y cuando lo hacía, siempre solía juntarme con los más chicos, ya que hasta cierto punto, siempre fui bastante inmadura para mi edad, eso pensaría cualquiera, pero ahora que puedo analizarlo mejor, no es que fuera inmadura, simple y sencillamente me negaba a crecer. Siempre estuve consciente de que no era la mejor forma de actuar, pero no me importaba, me aferraba a la idea de ser niña por siempre. Mi imaginación siempre fue incomprendida, mi sentido de la creatividad demasiado notorio, me brotaba a flor de piel, y las personas eran incapaces de ver eso, no era la niña de la gran imaginación, sino la niña loca, que hablaba sola. 

Bajo el techo de mi madre, siempre me sentí fuera de lugar... vivía con un hombre al que no podía ver como mi padre, simple y sencillamente porque no lo era. Recuerdo que al principio lo intenté, en serio lo hice, me costaba, pero le llamaba papá, hasta llegué a acostumbrarme a esa descabellada idea, pero con el tiempo fui creciendo, y eso me pareció totalmente absurdo... jamás volví a llamarle así.

En las reuniones familiares, siempre era el centro de atención, pero no de la manera buena. Siempre la Adrianita tenía que hacer "alguna gracia", para que todos voltearan a verla. En las navidades solía amenazar a mis primas mayores con las varitas de fuego, mejor conocidas como "estrellitas" (esa aparentemente inofensiva tipo de pólvora para niños), o si no, solía treparme a la fuerza a los hombros de mis tíos; Quedarme quieta era algo inconcebible, simple y sencillamente no podía.

Después vino mi hermano, esa pequeña bola de carne rosada, a la que todos veían como algo adorable, jamás lo comprendí... intenté hacerme su amiga, intenté quererlo, pero simple y sencillamente no podía; Una parte subconsciente de mi, me hacía verlo como el enemigo, porque no lograba entender cómo ese niño recién llegado al mundo, podía encajar y ser tan bien aceptado por todos, mientras que yo, pese a que ya llevaba varios años intentándolo, aún no lo conseguía.

A tan corta edad, sentía tener tantas cargas dentro de mi, tantos odios y rencores que no lograba asimilar... la cosa empeoró cuando llegué a la adolescencia, ya saben, la etapa rebelde en la que las hormonas nos vuelven insoportables. Yo no fui de esas adolescentes que se escapaban con sus novios, o se la vivían de fiesta, lo mío fue peor, caí en una depresión tremenda, porque al fin comenzaba a asimilar lo mal que estaba, sabía que no era normal, que no era correcta la forma en la que actuaba, y que muchos de mis sentimientos no tenían justificación. Me hundí cada vez más y más en aquella depresión, me volví violenta, y poco razonable, hasta que llegué al punto de intentar quitarme la vida...

Recuerdo que fue un catorce de febrero, eran alrededor de las siete de la noche, había peleado con mi mamá, no recuerdo bien por qué... además la fecha no me ayudaba. Todos felices, con sus enamorados, o tan siquiera con sus amigos; Yo, aunque ya tenía un pequeño grupito de amigas, no podía dejar de sentirme sola, incomprendida. En mi coraje, me salí de la casa sin que nadie se diera cuenta, me sentía miserable, y quería vengarme de mi madre, atentando contra mi propia vida. 

Tomé un autobús, el único que pasaba frente a mi casa... creo que hasta ese día jamás había viajado en autobús, o por lo menos no de noche. Me subí, y como pude, de bus en bus llegué hasta las afueras de un popular centro comercial. Era de noche,hacía frío... revisé mi celular, esperando tener mil llamadas perdidas de mi mamá, preocupada y desesperada por saber algo de mi, pero no había nada, ella ni siquiera se había dado cuenta de que yo ya no estaba en la casa. Este fue un enorme golpe a mi ego en ese momento, la gota que terminó de rebalsar el vaso.

Caminé decidida a terminar con mi vida, a tirarme frente a algún carro, o lo que fuera... caminé sin rumbo, sin pensar, sin cuidado, por las calles de mi ciudad, a kilómetros de distancia de mi casa. Era noche, era peligroso, pero no me importó; Si algún pandillero me mataba por ahí, perfecto, me habría ahorrado el trabajo... pero ninguno apareció. Finalmente llegué a un puente en plena calle, uno de esos pasos a desnivel que se encuentran en las capitales. Miré hacia abajo, era muy alto, y los carros pasaban sin detenerse, era perfecto, si no me mataba la caída, alguno de esos carros pasaría arrollándome, seguro no alcanzaban a frenar.

Me senté a la orilla del puente, lista para saltar, pero antes decidí despedirme de la única persona que se me ocurrió en ese momento, la que en ese entonces era mi mejor amiga... le envíe un mensaje, no recuerdo bien qué escribí, pero lo envíe. Quizá esos segundos en los que tecleaba esas palabras para mi mejor amiga, fueron los que me salvaron la vida... no me di cuenta, no me dieron tiempo de saltar, unos policías me tomaron por la espalda, y me alejaron del peligro.

Lloré de rabia, en esos momentos odié a esas personas con todas mis fuerzas, pero sabía que ya no podía hacer nada. Me llevaron a la estación más cercana de policías, en una patrulla, en mis adentros no me la creía, comencé a entrar en razón, lo que acababa de hacer estaba totalmente fuera de órbita. Mi mejor amiga me llamó, e intentó subirme un poco los ánimos, me sentí apoyada y querida por primera vez en esa noche.

Llamaron a mi mamá, y después de una larga madrugada de interrogaciones... (los policías se aseguraron de que no sufriera ningún tipo de abuso en mi casa), por fin nos dejaron ir.

Esa noche me dormí, y sinceramente no recuerdo mucho qué fue del día siguiente... no creo que las cosas hayan seguido con total normalidad, en definitiva. Sólo recuerdo que comencé a ir donde el psiquiatra, y me diagnosticaron un transtorno bipolar de la personalidad, me recetaron medicamentos que prácticamente me atontaban la mayoría del tiempo, y después de varios años, por decisión propia, dejé de tomarlos. Probablemente al poco tiempo, habría vuelto a deprimirme, me habría puesto peor de lo que estaba, porque admito que ese tipo de drogas tan fuertes terminan creando una dependencia grande en el paciente... pero entonces llegó él, mi novio, mi amor, mi mejor amigo, y la cura que necesitaba.

No fue fácil, ni inmediato... él tuvo que contenerme muchas veces, y acompañarme en mis crisis. Recuerdo una noche en la que intenté saltar de un auto en plena marcha, abrí la puerta, pero mi novio logró sostenerme, me abrazó por la cintura, y por más que lo mordí, y lo golpee con todas mis fuerzas, él no me soltó, no me dejó.  Creo que ese fue el momento en que me dí cuenta de que siempre estaría segura a su lado, supe que él siempre procuraría lo mejor para mi, siempre me cuidaría... y no me he equivocado.

A lo largo de estas dos décadas de vida, he pasado por mil etapas, desde la más tierna, hasta la más violenta y enfermiza que puedan imaginarse. No siempre mis escritos fueron tan inspiradores y motivacionales como lo son ahora... hace unos días encontré por ahí un viejo cuaderno de poemas, de hace unos seis o siete años, y créanme  eran poemas muy obscuros, que definitivamente reflejaban lo que en ese momento habitaba en mi corazón.

Una de las bloggers que más sigo y admiro escribía hace poco que era increíble como se ve la evolución de una persona a través de sus escritos... ¡eso es totalmente cierto!, y en retrospectiva, pese a todo lo que he pasado y vivido, me he dado cuenta de algo, nunca he dejado de escribir. Escribir siempre ha sido mi desahogo, mi talento, lo que me hace sentir especial. Desde pequeña elogiaban mis poemas, y eso me hacía sentir útil, querida... me animaba.

A lo largo de mi vida he aprendido muchas cosas, y desaprendido otras tantas. He conocido muchísimas personas, algunas han entrado a mi vida para quedarse y marcar la diferencia, y otras (la mayoría) sólo han sido amistades pasajeras, que quizá han hecho más mal que bien, pero que sin embargo recuerdo con mucho cariño... porque nada se da por casualidad, nadie entra o sale de mi vida sólo porque si. Cada persona, cada elección, cada cambio, cada coraje... todo eso en conjunto, es lo que me ha hecho lo que ahora soy.  El dolor, la traición, el odio, los rencores, el rechazo, la amistad, el cariño, el respeto, EL AMOR... 

Cualquiera diría que soy una muchacha muy perturbada, y si me hubiesen conocido hace un par de años, yo también lo admitiría, sin embargo las personas tenemos una gran capacidad de cambiar y evolucionar, cuando creen y confían en nosotros, cuando nos regalan un cachito de amor.

Es cierto, no seré la mejor persona del mundo, ni la mujer más madura, sabia y correcta; Pero estoy orgullosa de lo que soy, cada vez más. Día con día me acerco al ideal de mujer que quiero ser, al propósito real que hay para mi vida... vivo emocionada, inspirada, motivada; Tengo unas enormes ganas de comerme al mundo, de conquistar cada nuevo reto que se me ponga en frente, porque sé que puedo, sé que soy capaz, sé lo que valgo y lo que soy. Los únicos límites que existen en la vida, son los que nuestra propia mente construye, y yo he decidido no permitir que mi mente me encadene, he decidido atreverme a poner a prueba el máximo de mis capacidades, estoy decidida a llegar lejos, a demostrarle a todos de lo que soy capaz. Amo la vida, amo lo que soy... me amo a mi misma, y sí, para llegar a estas conclusiones, que probablemente siempre estuvieron ahí, fueron necesarios muchos malos momentos, mucho sufrimiento, muchas traiciones, muchas tonterías. Tuve que caer muchas veces, equivocarme más veces de las que puedo contar... pero de eso se trata la vida, como aprender a andar en bicicleta, entre más raspones y caídas tengas, aprenderás mejor, de la manera más dura, pero la más efectiva.

-AdriannaRossi-



6 comentarios :

  1. Supongo que así es la vida, caer, levantarte, caer, volver a levantarse...
    No de forma seguida a veces durante mucho tiempo estás abajo otras veces al revés. Pero así es como aprendemos a cambiar, a vivir, a ser felices. Y por supuesto a sentirnos orgullosos de nosotros mismos.
    Un besote!^^

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  2. Lo mejor es volar. Sin miedo a caer pero sabiendo que los pies están bien plantados en la tierra.
    Un besote!

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  3. Vaya en algunas cosas no puedo evitar identificarme contigo. Mi adolescencia fue tranquila, pero porque pude controlarme, siempre trate de no meterme en problemas y tampoco llevar problemas a casa. La idea de desaparecerme cruzo por mi mente, pero algo me hizo retroceder, el sufrimiento de mi mama, me imagine lo mucho que sufriría y la idea se me fue de la cabeza para siempre. Piensa por un momento el tiempo que llevaras muerta y compáralo con el tiempo que llevaras viva!! Es una enorme diferencia! Así que aprovecha cada segundo! Dale una leída a esto!!!

    http://hijodelaluna-mphisto.blogspot.com/2009/01/reflexiones-sobre-mi-muerte-revisado-y.html

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  4. De esos desgarros se aprende, Adriana, se internaliza nuestra terrible fragilidad. Pero vos te querès comer el mundo, que nada te imponga límites y eso es, sin do tan joven, de alguna forma haber vencido. Un abrazo.

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  5. Qué especial lo que compartes, sé que no fue fácil tu vida pero me alegra que ahora estés bien y que te hayas hecho más fuerte... me motivas para seguir adelante, en mis luchas, temores, aciertos y desaciertos.. un gran abrazo...!

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