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La frase...

"Te lamentas continuamente de cosas que dejaste de hacer o que hiciste mal en el pasado, como si eso sirviera ahora de algo. ¿Por qué no te perdonas y aceptas que hiciste lo mejor que sabías en cada momento y lugar?, tienes derecho a evolucionar."

lunes, 29 de diciembre de 2014

La historia de Antonio, un gay buscando el sueño americano ( I )

 Uno de mis mejores amigos, de esos con los que crecí y de los que pensé jamás separarme, ése amigo tan especial e importante para mi un día sin decir nada a nadie (por lo menos no a la mayoría de nosotros) hizo su maleta y decidió emprender su camino. Lo llamaré Antonio, aunque no es su verdadero nombre.


Ahora por la tarde vi una película junto a mi esposo titulada "La Isla", la trama era bastante futurista, una ciencia ficción que me gustó (lo cual es raro porque no es mi género), básicamente el argumento del filme era algo así como una especie de fábrica de clones, clones de personas pudientes que pagaban una "póliza" de seguro por ése clon, el  cual tendría como objetivo generar "repuestos" de órganos que el "patrocinador" del clon llegara a necesitar en determinado momento, incluso estos clones podían servir para gestar hijos si alguna celebridad los deseaba sin necesidad de sufrir las complicaciones del parto y los cambios físicos que éste conllevaba. 

Pero lo que me llamó la atención de ésta cinta no es en si el lado futurista, sino la manera en la que los "clones" habían sido engañados durante toda su vida: a estos clones se les había bombardeado desde su gestación con la idea de que el mundo real había sufrido una destrucción masiva, y que ellos (los clones) habían sido afortunados sobrevivientes de éste apocalipsis, les habían metido temor a salir de la fortaleza diciéndoles que el mundo exterior era altamente tóxico, y les hablaban de una tierra prometida, una isla que era el único lugar en el mundo que había sobrevivido a esta destrucción y contaminación, los clones vivían esperanzados con ganar una especie de lotería para tener la oportunidad de trasladarse a esta isla, sin imaginar que en realidad los que ganaban dicha lotería eran llamados porque sus patrocinadores necesitaban algún órgano, lo cual conllevaba a la muerte del clon a manos de los científicos de la compañía que se dedicaba a vender estas "pólizas de seguro."

No pude evitar hacer una comparación de la trama de esta película con el mundo real en el que vivimos hoy en día, pese a ser mera ciencia ficción en la actualidad muchos vivimos igual de engañados que estos clones, somos usados por aquellos que están en el poder, somos manipulados con la idea de que hay un "mundo prometido", nuestros anhelos y deseos a menudo suelen ser la causa de nuestra perdición; Un ejemplo claro de esto es la realidad a la que se han tenido que enfrentar muchos latinos que cruzan fronteras e incontables desafíos todo por ir en búsqueda del afamado "sueño americano." Algunos afortunados logran sobrevivir a todos los riesgos que llegar ilegalmente a los Estados Unidos implica, y es que ahora ya no sólo se trata de sobrevivir al abrazador calor y la extrema deshidratación que provoca el desierto, hoy también están los cárteles del narcotráfico, los traficantes de personas, y los mismísimos coyotes en los que los inmigrantes depositan su fe, que a menudo suelen venderlos a sus verdugos por algunos cuantos dólares.

Todas estas cosas están pasando a diario, es una realidad a la que no somos ajenos, los noticiarios transmiten casos y estadísticas alarmantes, en países tercermundistas como el mío la cantidad de personas (hombres, mujeres y niños) que salen día con día con el ideal de cruzar a los Estados Unidos se transmite a cientos, de los cuales la mayoría serán deportados en un par de semanas, mientras que otros menos afortunados parecerán haber sido tragados por la tierra pues nunca más se sabrá de ellos.

Sí, es una realidad cercana a mi y a muchos de ustedes, de eso estoy segura, sin embargo en lo personal jamás me había tocado tan de cerca como lo ha hecho éste año:  uno de mis mejores amigos, de esos con los que crecí y de los que pensé jamás separarme, ése amigo tan especial e importante para mi un día sin decir nada a nadie (por lo menos no a la mayoría de nosotros) hizo su maleta y decidió emprender su camino. Lo llamaré Antonio, aunque no es su verdadero nombre.

Pues bien, éste amigo del que les hablo en determinado momento de mi vida se convirtió en mi mejor amigo, podría decir que compartí los mejores días de mi adolescencia con él, sin embargo como todo en la vida ambos cambiamos... el cambio de él fue mucho más drástico que el mío.  Antonio me confesó que era gay, lo cual me sorprendió, no porque yo tuviera algo en contra de las personas homosexuales (para nada) pero me sorprendió jamás haberlo notado, aún hasta el día de hoy me cuesta creerlo, he conocido a muchos homosexuales y he desarrollado un cierto instinto para percibir antes que la mayoría que "X" persona es del otro lado, pero jamás lo noté con Antonio. Cuando me confesó su inclinación sexual inmediatamente le hice saber que contaba con mi apoyo, y le agradecí la confianza que había tenido conmigo. A partir de ése momento las cosas siguieron cambiando, Antonio siguió cambiando, cambió demasiado...

Pronto me di cuenta que el camino que había escogido lo había llevado a juntarse con personas que no llevaban nada bueno a su vida, se dejó atrapar por los vicios, comenzó a hacer demasiado evidente su homosexualidad, se comenzó a vestir de mujer, eso me pareció un exceso, más que una necesidad me pareció un capricho, un intento innecesario y lamentable por llamar la atención, le hice saber mi opinión, le aconsejé, le dije que se alejara de las malas amistades, que volviera a acercarse a nosotros, sus amigos que siempre estuvimos ahí, todo fue en vano.

Perdí por completo el contacto con Antonio desde aquella confrontación. Por esos días falleció el papá de un amigo muy cercano que ambos teníamos en común, logré contactarme con Antonio y le convencí de que asistiéramos juntos al funeral, él se mostró un poco renuente a la idea, temía que le juzgaran pues ya todos se habían enterado del camino que había elegido, pero finalmente aceptó.

El funeral estaba más lleno que cualquier concierto al que yo hubiera asistido, el papá de mi amigo había sido un cantante muy reconocido por años y parecía que medio país estaba en la sala de velación. Muchas miradas se clavaban sobre Antonio,  algunos saludaban como si no hubiera cambiado nada, pero muchos otros se alejaban  y hablaban a nuestras espaldas. Noté que Antonio comenzaba a incomodarse y lo invité a que saliéramos un rato a los jardines de la funeraria, él era fumador asiduo y ya necesitaba con urgencia una dosis de nicotina así que pronto aceptó.

Mientras se fumaba su cigarrillo algo brillante llamó mi atención: Antonio llevaba una camisa a medio abotonar que permitía ver su pecho, ahí llevaba colgando una medalla que nunca le había visto. Él notó mi curiosidad sobre ésa medalla e inmediatamente intentó ocultarla bajo su camisa, lo cuál alimentó todavía más mi intriga.

- ¿Qué llevas ahí?- pregunté.
-No es nada.- Contestó cortante y con un nerviosismo que no podía disimular
- Anda, enséñame ¿por qué la escondes?- insistí con más fuerza.

Hubo un momento de silencio incómodo, miré a ése chico y me di cuenta que ya no era ni la sombra del muchacho que había conocido años atrás. La mirada de Antonio estaba perdida, no existía chispa de brillo en sus ojos.

-No te agradará saber lo que es.- contestó finalmente Antonio agachando su cabeza.
-Dímelo.

Sacó nuevamente la medalla y esta vez me dejo apreciarla. Se trataba de una especie de virgen, pero en definitiva no era una virgen.

-Es la santa niña blanca.- me explicó al notar mi confusión.
-Jamás había escuchado de ella.- admití aún confundida.
-Probablemente la conozcas más por su otro nombre: la santa muerte.

Miré incrédula a mi amigo, me pareció un chiste, una ofensa. Ambos habíamos crecido en ministerios de la iglesia, ambos habíamos leído juntos la biblia, ambos habíamos orado juntos... Jamás he sido fanática ni nada por el estilo, pero siempre he tenido fe y amor por Dios, no pude evitar sentirme ofendida ante la confesión de mi amigo, lo que llevaba en el pecho me causó repulsión.  

Intenté hacer recapacitar a mi amigo, hablé con él, lo aconsejé pero nuevamente fue en vano. Después de ése día no supe más de él.                                                                                                               

Pasaron meses, seguí con mi vida pero no dejé de pensar en él, no dejé de pedir por él. Un día me cayó un mensaje de whatsapp, era un amigo en común, el mismo amigo a quien acompañamos en el funeral de su padre. El mensaje fue claro y al grano: "Antonio se fue ilegal a los Estados Unidos."

Para ése entonces mi amigo (el que me envió el mensaje) se encontraba en los Estados Unidos de manera legal. No podía creer lo que me decía ¿cómo era posible que Antonio no me hubiera comentado nada? me sentí traicionada, impotente, molesta y triste a la vez. 

-"Te contactará." - respondí. Era lo más seguro, Antonio sabía que nuestro amigo se encontraba allá, seguramente acudiría a él si necesitaba algo.

-"Estaré pendiente"- respondió mi amigo. Eso fue todo.

Continuara...


-AdriannaRossi- 




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